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AÑO XIII. NUMERO 4.182.
Domingo, 13 de mayo de 2001


VILLA Y CORTE.COM
La maestra Nati y San Isidro

IGNACIO AMESTOY

Los toriles de la Feria de San Isidro se abrieron ayer. El mayor acontecimiento del planeta taurino ha comenzado. Pero detrás de este mes de festejos hay una trastienda donde ocupan un lugar preferente los artesanos. Entre ellos, la maestra Nati y su hijo, Enrique Vera, que llevan una de las sastrerías de toreros más importantes. Una sastrería, en el centro de Madrid, que en

que en estos días está plagada de chaquetillas, chalecos, capotes, taleguillas...Una «sacristía» laica por la que circulan las figuras del toreo a cualquier hora de la mañana o la tarde. Una sacristía llena de ornamentos multicolores.

Con la venia del riguroso y valiente don Javier Villán... Ya está aquí la Feria de San Isidro. Ya llegó. Por la proa, 30 días de corridas de toros y de rejones, además de novilladas picadas.180 toros y 70 toreros pasarán por la Plaza de las Ventas. La gran maquinaria de la Fiesta Nacional, con su mezcla de pasión y miedo, arte y sangre, mito y rito, ya se ha apoderado de Madrid, convertida por un mes en capital de la tauromagia, porque de magos se trata en este arte milenario.

La ceremonia cretense está a punto. Los toros más bellos de la vieja piel ibérica han dejado de pisar la tierra sobre la que nacieron y, embalados en ortopédicos cajones de madera, viajan en grandes camiones desde los cuatro puntos cardinales hacia el ombligo de España, Madrid, que aquí está el oráculo délfico de estos últimos titanes.

La innombrable les espera a los toreros en el centro del gran tambor de arena de Las Ventas. Cada día, a las siete en punto de la tarde. Que las cinco de Federico era mucho madrugar...Unos, tras burlar la deriva de la guadaña en manos de la negra segadora, alcanzarán «la gloria», otros se irán al «infierno» y no pocos acabarán en el «limbo». El «limbo» es la peor de las condenas, de ahí no se sale nunca. ¿Y el «purgatorio»? ¿No existe en el mundo del toro?

Claro que sí. Entre corrida y corrida, todos, tirios y troyanos, josés y juanes, victorinos y miuras, todos, en el «purgatorio».Im-presionante. En dos palabras, como se sabe. Y siempre rezando a santos y vírgenes. Hasta los ateos. Que el toro es el toro y la Macarena es la Macarena. Y ojo al Cristo, que es de palo.Así que, se sea agnóstico o rondeño, pongamos, las figuras del toreo pagan su tributo a la maestra Nati, la santera de esta religión, en el 12 de Jardines, la calle más discreta del meollo del cogollo del bollo madrileño, Umbral dixit, que no es plagio, sino tradición, entre la Gran Vía, la Red de San Luis y Alcalá.

Los del toro saben que su santa-santísima, ¡una mujer, con perdón, en estas lides!, es la maestra Nati, la única sastra del oficio.Una infiltrada. Para bien de ellos, claro. Aunque la cosa viene de la madre de Nati, que, en 1939, aprovechando aquel desbarajuste, dejó el taller de Santiago Uriarte y se estableció como se decía por su cuenta. Hace 20 años que falleció la pionera y durante dos lustros la maestra Nati tuvo que tirar del carro ella sola, como una Madre Coraje de esta guerra de aplausos y pitos.

A partir del 90 dirige el taller su hijo, el gran Enrique Vera, que, tras estudiar el Bachillerato en el San Estanislao de Kostka, prefirió la seda del negocio familiar al percal universitario.Y de esta forma y manera la «sastrería de toreros» de Nati y Enrique sigue viva y coleando.

Desde Luis Miguel «un moderno», según doña Nati hasta Manzanares «un clásico», los más de la nómina taurina han pasado por la calle Jardines. Una buena parte de los maestros, para el vestido completo; todos, para hacerse capotes de paseo, la especialidad de la casa, y de la maestra Nati, la mejor bordadora, según le certifican al cronista

 

En estos días acaba el bordado, en terciopelo, el más caro, de un capote de José Tomás. ¿Para el prólogo de su triunfo anunciado en esta Feria de San Isidro? El diestro, los toros y los tendidos dirán. Por cierto, que el patrón de Madrid no es un santo de capote. Una paradoja, pero, en fin, será porque iba con bueyes y vacas, lo cual no es compatible con la pureza de la Fiesta.El Cristo de Medinaceli y la Virgen de la Paloma, sí lo son.Curro Vázquez es del Cristo y Antoñete o Enrique Ponce, de la Paloma.

Pero a la maestra Nati vienen a por capotes de paseo desde Sevilla, para que les borde el Cristo del Gran Poder o la Macarena, y desde México, que la Virgen de Guadalupe se ha hecho mucho en esta casa. Luego, Jesulín, que pide la Virgen de su pueblo, y Ortega Cano, que su Rocío quiere la Virgen de la Regla. Ortega, que es muy religioso, tiene en sus capotes todo el santoral...



Por la sastrería de la maestra Nati además de los toreros han pasado no pocos grandes de la moda del mundo mundial y en muchos desfiles de París o Nueva York está su marca. En diseños y en colores. De diseños hay poco que hablar, que las leyes marcadas por Paquiro en 1800 permanecen, salvo que en los últimos tiempos el peso se ha aligerado por la utilización de nuevos materiales.Las guarniciones, por ejemplo, antes se hacían en madera y hoy se hacen en plástico.

De los colores se puede hablar más. Aunque los toreros clásicos, como Joselito, no varían demasiado: azul pavo real, vino burdeos, tabaco, verde botella, granate, grana... También, los tonos pastel: celeste, rosa palidito, lila... Este año hay un color nuevo: un verde esmeralda que está gustando.
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El precio de un traje de torero oscila entre las 380.000 y las 400.000 pesetas, y sólo si los bordados se hacen con terciopelo el coste puede llegar al medio millón. El drama, le dice la maestra al cronista, es que el precio es el mismo para una figura y para alguien que empieza. Aunque, claro, hablando de modistos, como dice doña Nati, vaya usted a una boutique un poco bien y a ver lo que le cuesta un traje de señora, y dígame si el trabajo que lleva es igual al de uno de torero. ¡Mujer, ni comparación!

Doña Nati, la maestra Nati, está rodeada de trofeos y honores.Pero el que más aprecia, entre todos, es un diploma que le acredita como «Artesana de Madrid», otorgado, firmado y rubricado por el alcalde de Madrid. ¿Qué alcalde? ¡Por favor, don José María, qué otro iba a ser! No, si este cronista no dice nada, doña Nati.Sólo era un preguntar.